
"Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir:
Se la lucha con la pluma.
Se lucha con la espada.
El que no lucha se estanca, como el agua.
El que se estanca, se pudre."
Raúl Scalabrini Ortiz
Confieso que este último tiempo he recuperado ese hábito obsesivo de la lectura tradicional y por consiguiente, he abandonado el eter del 2.0. Esa distancia del ciberespacio fue y es al mismo tiempo mitigada por la nostalgia de la relación real, esa donde los cuerpos se resignifican vió? (Abundan los posts en este blog sobre la resignificación de los cuerpos en el fenómeno 2.0 pero hoy no quiero escribir del tema). Volví a los libros y a los cafés, sería un epígrafe.
Sometiendome por propia voluntad a la dictadura edulcorada que impone la TV, empecé la semana con
6,7,8 en su versión dominical y por la mañana apareció este
post de Artemio que sintentiza preocupaciones compartidas por gran parte de nosotros (y no estoy segura
qué es Nosotros acá y mucho menos si es algo compartido, sin embargo a veces dejo que en esto de tipear fluyan puras expresiones de anhelo).
En algún cuaderno de notas que desempolvé buscando mis apuntes de Cultura Popular que tomé la última vez que
Aníbal Ford estuvo en la ECI me encontré con recortes aplicables a un análisis actual de ese fenómeno que ocupa pantalla televisiva y columnas de
la bloguera. Decía "
la capacidad de incidencia de los medios es inversamente proporcional al grado de la organización civil". Ahí fue una punta.
Hace tiempo que vienen abundando
posts sobre la justificación que tiene la credibilidad de los medios y el descreimiento de la polítca. Otra vez y como todo en este blog, ambos deben ser pensados en términos relacionales. Las creencias son esos espacios depositarios de verdad que se legitiman en nuestro propio no-saber.
Ese lugar de la creencia en la política se fue desplazando hacia los medios y esto no es ninguna novedad. Así, la
mediatización del discurso político (la metamorfosis) es una de las muestras más acabadas de "forma" que da cuenta de la creencia desplazada y resignificada.
Ocurre que esta fuga de creencias que sufrió el terreno de la política está íntimamente relacionado con la desarticulación del campo popular y el desbarajuste de la política como forma organizativa de la sociedad. Primero fue un Estado Terrorista que desarmó con sangre y armas y luego una Democracia tendiente a desmovilizar. Son dos contextos inseparables de lo que hoy producimos/circulamos/consumimos bajo el label o tagg denominado "Comunicación/ Política/ Cultura". Escuché y leí de
Marita Mata hace mucho tiempo ya uno de los ejemplos más representativos de este fenómeno: "
nos llevó de las clases populares a la gente".
El espectador del otro lado de la pantalla sólo consume creyendo que es dueño del poder porque puede elegir con el control remoto en la mano. En ese refugio solitario que propone la pantalla, se acepta la realidad no reflejada sino construida por el medio. "
No hay un acontecimiento por un lado y su posterior enunciación, sino que no hay acontecimiento sin enunciación" apunta
María Pía López. Y así se puede entender el ataque de los divos (Tinelli, Legrand, Giménez y demás deudos de la legislación neoliberal en políticas de comunicación) producido en las últimas semanas.
¿Las estadísticas pueden contrarrestar esto que es "lo real" para el espectador en materia de inseguridad? ¿Se necesita inexorablemente salir al choque rompiendo la estética del lenguaje televisivo para destruir a los divos? ¿ Hay que responder al ataque aceptando las reglas del juego del "otro" (ese mismo que quiere dar batalla)?
La política fue hasta hace muy poco el lugar desmantelado de creencia tras la ruptura de la organización social y se convirtió en un espacio caracterizado por el no poder. Las condiciones están dadas para modificar ese vacío de capacidad de intervención sobre el ámbito social que fue la postal nacional hasta el 2003. No podría tipear recetas de MKT político y aseverar la infalibilidad de los slogan, justamente porque carezco de esa creencia.
De hecho, los medios no son medios. Los medios son aparatos de construcción y producción de discursos con efecto de verdad. Esta noción no fue desconocida en absoluto por la
Coalición que se propuso cambiar la legislación por una
ley de servicios de comunicación audiovisual. Y se aprobó pero aun no es una realidad porque el desafío de hacer que
Hablemos Todos acaba de empezar.
Algunos dirán que "hacen el aguante" y otros que hay que "resistir" pero la verdadera lucha ni aguanta ni resiste porque esas concepciones de lucha son lo mismo que queremos terminar. No aguantamos ni resistimos porque esa es la forma de la no política y el lugar del no poder. Hacer no es lo mismo que reaccionar.
La lucha crea, esperanza, proyecta, hace real. Como
decía Arturo Jauretche "Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con tristeza" (ni con ganas de destruir).
Foto: Pared en el Albaicín de Granada, España. Colgada por un "amigo" facebook.