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domingo

Mañana de domingo

Ya los domingos no serán como antes. Se respira derecho a la alegría en la calle o en el aire (de la TV Pública). Sin embargo, algunas rutinas se mantienen. Los mañanas de domingo no encajan en el reloj. Amanezco cerca del mediodía y leo el diario de papel. Costumbres que no quiero alterar. Café, medialunas, cigarrillos al sol en una vereda céntrica disfrutando cada centímetro de ese papel que mancha.
Tengo pocas horas de sueño en mi haber pero eso no me impide leer línea por línea con el recuerdo de Página/12, el diario que leo entre las 00 y la 01 de la mañana ni bien está on line. Pasan las caravanas de Talleres hacia "la boutique" mientras me deleito con las editoriales de La Voz. Éstas son las notas que me gustan, si. Ahí fluye la pasión, se deja saborear.
Levantar la mirada y hundirme en tus ojos. No es más que una pulsión erótica igual que la que se juega esta semana en el Congreso. Y si, también hablo de política.
Para ellos, "todo seguirá igual, pero peor" como eligieron titular la nota central de Opinión.

lunes

Postales electorales en La Docta IV




Si no estuviera tan complicada de tiempos (sobre todo mental) por circunstancias ajenas a lo público, hubiera dedicado unas líneas al debate de candidatos a senadores que anoche televisó Canal 12.
Hecha la salvedad, este post es simplemente una "apostilla ciudadana" (vendo ese término a quien mejor lo pague para una campaña) de no más de dos minutos de elaboración.
Con la bienvenida del periodista estrella Jorge Cuadrado (para los foráneos sepan que el tipo le hace honor al apellido) se dieron cita los cuatro candidatos en un supuesto debate que no tuvo ni un cruce tenso. Por momentos, quiero no tener certeza sobre ciertas hipótesis de lo que he conceptualizado No-Modernidad pero lamentablemente, todo abona esta teoría.
Podríamos discutir sobre el efecto que tienen este tipo de eventos a días de las elecciones, más aun considerando que según el oráculo de la consultora Delfos existiría un 26,2 % de indecisos de los cuales el 64% se concentran en el interior de la provincia y el 36% restante en la Capital. Pero esa discusión quedará para los comments que leeré de madrugada.

Vamos a las notas de cata que tuvo el debate (ordenados de acuerdo a las proyecciones de intención de voto):


  • Luis Juez:

se trataba de una de las preguntas del público (¿?) grabadas previamente.

Victoria Cornet, estudiante:(...) "Mi pregunta es si apoyarían una ley que promueve la despenalización del aborto"(...)

Luis Juez:(...) "Te quiero decir que ese es un debate que el argentino lo tienen pendiente, como sociedad madura que pretende serlo. La despenalización de la droga, eh, el tema del aborto, la
unión de matrimonios civiles de distinto… de distinto sexo, "
(...)

Parece que ni Dalmacio Vélez Sarsfield se salva de las pataletas que le agarran a piñón fijo.


  • Ramón Mestre Jr: citarlo al chanchito hijo del faraón cordobés no tiene mucho sentido porque relojeaba el speech que los asesores le escribieron. Lo que más llamó la atención fue el énfasis con que repetía una y otra vez la palabra "coherencia" como significante de la UCR. Esto confirmaría el historial de la ONG centenaria además de aportar las certezas sobre las huídas en helicóptero mientras masacran al pueblo (recuerden que era el papá de Jr el ministro del Interior de De la Rúa) además de saber que van a seguir posando con los genocidas para las fotos.

Pero lo más bello del pequeño boina blanca es que luego de ser atacado por el ex intendente Juez que lo chicaneó con la gestión de su padre al mando de la ciudad fue a darse un "fraterno" abrazo con su compañero de fórmula, el Lobo Aguad y con lágrimas en los ojos le dijo: (...) "Hablaba de mi padre y era un día especial porque yo no lo tenía en el Día del Padre, no me parecía un acto caballeresco"(...).



PS: los otros dos contendientes quedan para cuando encuentre un par de minutos para postear (será de madrugada)






martes

No post Buenos Aires



-por más que uno lo intente, ese que está debajo de las letras y a oscuras nunca sale, queda allí

-pero qué lindo es buscarlo

-es lindo que lo encuentren.


Llegué más tarde de lo que pensaba y en vez de abrir los diarios preferí las editoriales de un taxista. La mañana no parecía una mañana y el gris de la ciudad contrasta con el amarillo que luce la CABA. Extrañamente se me dió por extrañarme (eso de los antropólogos, vió) en cada paso que hacía entre adoquines rotos y humedad. Aun siento las huellas de la humedad bajo estas letras. Pude ver cómo las metáforas se hacían cuerpo por las calles porteñas y perdí la cuenta de cuántos freaks y groupies me crucé.

El cuaderno de notas esperaba en blanco mientras me ofrecían desayunar con donnuts o cheese cake a falta de medialunas... una de las razones más importantes por las que viajo a Buenos Aires es esa: las medialunas. Café, enésimo cigarrilo que se desvanece y la crónica sigue esperando ser escrita.

Día de agenda agitada: un encuentro, diez llamadas, otro encuentro, celular que no quiero atender. Perdí el momento en que oscureció, se desvaneció en algun punto sin avisar.

Noche en San Telmo: otro encuentro, las horas pasan como las ilusiones de los transeúntes.

Me ha quedado impregnado la violencia de las calles tanto como la humedad: Hay marcas en la ciudad que remiten a la lucha simbólica de la praxis cotidiana y sí, la había leído en unos cuántos post pero eran sólo eso: palabras. Palparlo es otra cosa, la dimensión onírica en la que se zambulle el consumidor ciudadano apelado por los carteles amenazantes y coercitivos de campañas poco felices, son la constante de las interacciones que construyen.

En clave de campaña fue inevitable la comparación con esta desangelada ciudad en la que resido. Pese a la realidad que uno quisiera que fueran sólo letras, el deseo está latente. En la alienación de los rostros ateridos, sus ojos aun se despiertan ante la posibilidad de perder el deseo. El ritmo frenético no es ajeno ni a Eros ni a Tánatos.

Y tampoco me he desprendido del deseo.



miércoles

La Perla es Nuestra



(...) "El uso ejemplar (de la memoria) permite utilizar el pasado con vistas al presente, aprovechar las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy día, y separarse del yo para ir hacia el otro" (...)


Todorov (citado en el material gráfico del Espacio para la Memoria y la Promoción de los DDHH La Perla)

Esperaba poder articular un relato del día que comenzó a las corridas levantandome temprano para ir al acto de la recuperación de La Perla. Por momentos confío demasiado en las palabras. No es en las palabras ni en los silencios, es en la articulación: la capacidad de narrar que es la primera herida que aparece. Aquella forma artesanal de contar que reconocía sus dimensiones estética y política, como lo describe Walter Benjamin, es acallada por la experiencia de recorrer el Ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio.
Quizás el correr de los días le devuelvan el ritmo a mis dedos para poner en palabras tipeadas las imágenes que invadieron hasta los sueños. Quizás pueda ponerle nombre a las sensaciones: a la mano de alguien que no conocés cuando te toma la tuya para entrar a "la cuadra", a la mirada vidriosa del anciano que te sostiene la tuya, a la voz del niño que le pregunta a su padre si el abuelo todavía está allí. Quizás no necesiten nombres nuevos, sólo seguir construyendo Memoria. Memoria que nos apropiamos de a poco como hoy. Quizás sea de esos posts, los mejores que uno haya escrito en su pensamiento.



domingo

La ilusión de epifanía








Los tiempos que corren, esto de las fechas que imponen una convención gregoriana como otro año o una navidad incitan a la inevitable ilusión de epifanía. De hecho, estoy escribiendo sobre ello en las ciernes del calendario luego de una larga ausencia.


Hace unos días, no sé bien cuántos decreté en ese cuadradito intimidante del feisbu que pregunta "¿qué estás haciendo ahora?": estoy recuperando mi locura. No es fácil ni rápido, a veces vuelve y otras se niega sistemáticamente. En estas paradas obligadas de almanaque, mi locura se escapa porque es ciertamente tímida y no sabe bien cómo hacer la catarsis pública de Lucas o Mendieta. Es más, no le sale ni siquiera una catarsis íntima...queda allí inmóvil, inerte. Prefiere mirar para otro lado, distraerse con lo que tiene a mano (en realidad, con lo que le pasa siempre por la cabeza) y partir lejos para evitar caer en la ilusión de finitud. Quizás porque los finales siempre encierran sorpresas.


En esos momentos de temporalidad se juega la terminación de una historia y una continuidad debe ser alterada: algo traba la repetición. Pero los finales son formas de hallarle sentido a la experiencia porque sin finitud no hay verdad, y no tenemos un lenguaje para los finales. Quizás un lenguaje para los finales exija la total abolición de otros lenguajes. Para evitar enfrentarnos con ese lenguaje imposible (que es el lenguaje que utilizan los poetas) en la vida se practican los finales establecidos.


Ordenar un corte, un final para poder decidir el sentido. Esperar algo inesperado, un desvío, un cambio de ritmo. Más o menos algo así dicen las palabras del mejor regalo que haya recibido en estas fechas de otro año: la ilusión de epifanía que se encierra en cada email de arbolitos, luces y frases institucionalizadas, en los amontonamientos que desbordan las hileras en las cajas del supermercado, en los silencios esperados, en la mirada perdida de los que se admiran con los fuegos artificiales, en los que pueden proyectar el sentido de la lucha de clases.

miércoles

Esa mañana


Es que me falta cuento

en esta capital,

se amarga hasta el romance

y la anarquía crece más.

Es cuerda que se oxida

en esta vena de pensar.

Es musa mal parida

es que no sé ni qué cantar.



Ya no se trataba de repetir rutinas sino de recuperar la mirada. No sé cuando volví pero sé cómo, quizás por ello he demorado tanto en continuar con esta bitácora.

Desperté una mañana sin que el sol me encandilara, estaba dejando un hotel de Núñez lista para una agenda de "oportunidades". Llegué a Palermo, barrio que nunca me atrajo pero el peso de la mochila hizo que me estancara un buen rato en plaza Serrano (tampoco entiendo por qué le llaman así, si tiene un cartelito que dice Plaza Cortázar).

Primera nota de agenda: "dejar atrás el workshop de ayer, no recordar ni siquiera el aspecto porcino de los Grobo, mucho menos sus palabras y empezar de nuevo".

8:15 del sábado - desayuno en la plaza. El mozo quiere conversar porque no sabe cómo disculparse ante la falta de medialunas. Luego de veinte minutos de disculpas en las que se mezclan el clima y los errores de la gestión PRO, me regala un alfajor de chocolate medio derretido. Obsturo una y otra vez, siempre hacia la izquierda debido a la posición de la luz. Un detalle que lleva a otro. Suena el celular que no quiero atender. Sigo gatillando la cámara enfocando puertas, paredes y graffitis. Me sorprende un pibe que me regala un beso para la eternidad de la fotografía.

Olvido la hora pero sé que el sol está en otra posición y me obliga a girar. Vienen llegando los inmigrantes a vender sus cosas. Es tiempo de dejar la comodidad del bar. Otra vez el celular que no quiero atender. Un marroquí que vende cueros me invita un café del termo de un uruguayo. Está algo tibio y demasiado dulce. Me pregunta mi nombre y comienza a contarme esa historia de amor trágico que recorre el Magreb cuya protagonista se llama igual que yo. Ya conozco esos hilos pero me sorprendo ante los detalles de su tejido discursivo colmado de datos melancólicos propios del que se va, del que deja su tierra. Me he ganado un descuento, dos libros del Islam y mi nombre escrito en árabe para que un tatuador lo deje impreso para siempre en mi piel. Creo que también me he llevado la melancolía.